lunes, febrero 09, 2009

mientras escuchaba Vetusta...

Volaba con sus letras… escribía lo que oían mis oídos, y esas mismas palabras te trajeron hasta mi, para cerrar un círculo, el mio y el tuyo… la espiral que succiona nuestros mundos para convertirse en la singularidad del infinito, de donde nadie ni nada nos pueda sacar. Arrastrados por el poder de la pura atracción mutua, tu a mi y yo a ti. Sin ver las fuerzas, ni entender su origen, solo dejarnos llevar por la naturaleza de las leyes, que escriben sus códigos con el lenguaje de los dioses… todavía no podemos entenderlos… y si nos sinceramos, te diré que quiero que sigan siendo un misterio para mi, quiero seguir sorprendiéndome con los cálculos de sus juegos, solucionando e introduciendo nuevos parámetros a la ecuación… y todo ello para que estemos aquí juntos, tú y yo.

El mundo nos ha hecho un hueco, nos concede un lugar especial para sentir nuestras vidas, sentir que pertenecemos a algo muy pequeño, para nuestros espectadores, y tan grande para nuestras versátiles almas. El tiempo juega a nuestra favor, se ha parado solo pare que nos podamos sentir, y acaso ¿lo hechas en falta? Volvería a cometer todos los errores de mi vida si fuese eso necesario para llegar a dónde me encuentro en este momento, compartiendo el calor de mi cuerpo, el aire que respiro, los colores que percibo… la fotografía en la que quedará para siempre guardada tu presencia. El testigo de la felicidad mundana, que a veces parece tan imposible de alcanzar… y aquí estoy con ella, sin que nada la marchite, porque no hay nada que pueda perturbar nuestro espacio: creado por hombres, protegido por dioses.

Voy a seguir marcando mis pasos con las hojas que cayeron a mi paso, mientras tomaba decisiones y me dejaba llevar por sus consecuencias; las que me hicieron llorar y reír, las cosas que hice en consecuencia y las que hice sin ninguna razón, como si las estrellas me hubieran guiado. Miré atrás alguna vez, pero nunca volví la espalda a mi destino, levanté la cabeza bien alta, porque lo que estaba viendo nadie lo había visto antes, al menos no desde mis ojos. Era descubierto por mi, por primera vez, la belleza y el horror, pero eran sólo míos. A veces tuve miedo así que corrí, muy rápido sin apartar los ojos de la carretera, yendo a 140 km/h para sentir la velocidad, sentirme imparable… intocable por nada ni nadie. Pero perdí el aliento y tuve que parar, sin energías no se puede seguir, sin fuerzas no puedes ponerte en pie.

Y ahora ando despacitooo, totalmente descalza, no sólo para que mis pies puedan sentir el camino sino, más bien, para que él me sienta a mí. Dejan huella cada una de las formas de mi pie, cada una de las marcas de la historia que me sigue. Miro hacia abajo y veo miles de imagines reflejadas en la tierra, a miles de personas, miles de canciones y palabras. Me oigo a mi, cuando hice feliz e hice daño… que banales me parecen ahora mis miedos… aunque algunos, todavía hoy, no hayan desaparecido. Sólo un pasado que ya tuve ocasión de analizar y interpretar. Y lo más maravilloso, los detalles. Aún me sorprenden cada día cosas distintas… superamos el día de la Marmota, el reloj solo da vueltas en una dirección. ¡Lo que quieras cambiar tendrás que hacerlo a partir de hoy! ¡Empezar! Da igual por donde, hacia delante, deja que las hojas te indiquen el camino. Miles de días decorados en otoños, yo en el centro parada, mirando alrededor. Girando en miles de direcciones con los brazos en alto, gritando para guiaros con mi voz… y tú ¡llegarás! Seguiré esperándote, con la cabeza alta y los pies descalzos.